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Innovadores populares

Benjamín Matheus, con ingenio y creatividad le pone enea a cada silla

Durante casi cinco décadas, Benjamin Matheus se ha dedicado a entrecruzar tejidos para la elaboración de sillas de enea y madera con el esfuerzo, la dedicación y tenacidad de quien ha sabido levantar a su familia, en medio de la tranquilidad de la población de “La Trinidad” en una actividad que ha sido transmitida de generación en generación.

Cada silla es un producto único extraído de los conocimientos adquiridos ancestralmente y el aporte de su ingenio y creatividad para dejar una huella que hoy se esparce a lo largo de ancho del país, en una titánica labor en la que ha contado con el aporte de su hijo Jorge y los equipos manuales, en el que jamás ha faltado el esmero para fabricar sillas y muebles artesanales, de cuya durabilidad da cuenta una silla que, según “Minche”, ha soportado

 “sentadas” por más de 60 años.

Es mejor trabajar con las manos

Benjamín, en medio de una inseparable y espléndida sonrisa confiesa que su trabajo lo ejecuta sin apelar al apoyo de equipos eléctricos o electrónicos porque “esos aparatos son muy peligrosos, es mejor hacerlo manualmente”, comenta. Esta práctica, le permite mantener la tradición sobre la elaboración de sillas y muebles, en una tarea en la que combinan talento y esfuerzo, para contribuir a mantener el oficio que aprendieron de sus ancestros. Esa energía del hombre en su lucha por un mundo mejor. “La electricidad es peligrosa, por eso uso mi barbequín (berbequín), Jasmen y el formón. Es mejor trabajar con las manos, con una motosierra hay mucho riesgo”, advierte.

Benjamín y Jorge (hijo), ambos acreditados como innovadores del Programa de Estímulo a la Innovación e Investigación, prosiguen el trabajo en su taller de “La Trinidad”, en medio de la calidez del hogar, dedicados a la elaboración de sillas y muebles artesanales en madera y enea, mediante el apoyo con equipos manuales, algunas de fabricación industrial y otros extraídos de su propia invención.

A la par de incrementar el trabajo para la producción de sillas, ambos tienen ante sí el reto de formar a las generaciones futuras para dejar sembrado el oficio en una parte de la geografía falconiana identificada por la genuina representación de un arte que aprovecha los recursos naturales para ofrecer comodidad a quien tenga la dicha de sentarse en una silla con el acabado de la familia de “Minche”.